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Pruebas Amargas, Finales Sabor a Miel

Blog

Pruebas Amargas, Finales Sabor a Miel

Dr. Nelsy Alvarado

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En memoria de Etil Yonarys Matamoros. 

30 abril 2002 - 09 de julio del 2017. 

Y en su carta dirigida a Dios escribió: ¨Señor,  sé que te he fallado por eso perdóname¨, y yo me pregunto, ¿En qué pudo fallarle esta jovencita de 15 años a Dios?, tal vez en una respuesta poco correcta a Teresa su madre, movida por un capricho de su adolescencia o quizás al competir con su hermana María por la atención compartida de sus amorosos abuelos maternos. 

La humildad de esta niña al reconocer su condición de pecadora y su necesidad de perdón antes de presentar a Dios su petición de sanidad para su cuerpo, golpea mi alma hasta hoy y me hace sentir la necesidad de humillarme ante los pies del Señor y desde ahí buscarle ávidamente.

Segura estaba Etil de su salvación, no tengo duda, sorprendentemente camino sin miedo hacia su final aquí en la tierra. Viéndome a los ojos más de una vez preguntó ¿Cuánto tiempo falta?,  y en mi corazón sabía que la pregunta real era  ¿por cuánto tiempo más se prologara mi dolor y que tan cercana está mi muerte? 

Con vos temblorosa porque mis emociones se acumulaban en mi garganta, pero sobreponiéndome  por amor a esta jovencita y contagiándome de sus fuerzas pude decirle con una sonrisa de esas fingidas  – Falta poco, pequeña. 

La última vez que la vi con vida, doce horas antes de su muerte, yo estaba junto a su cama, y ella me pidió que hiciera sonar su canción favorita, la cual balbuceó con gran esfuerzo. 

 Una porción de esta dice:

El poder de Dios es lindo en la vida del creyente fiel, 
Aunque a veces hay pruebas amargas, más al fin hay un sabor a miel.
Yo nunca he visto un escogido sin respuestas, 
Porque en todo Dios le muestra, una solución, 
De las cenizas el clama y Dios le atiende, 
Le protege, le defiende, con sus manos poderosas.

La verdad que mi prueba tiene un gusto amargo
Pero hoy mi victoria tiene sabor a miel.

Escuchar esa canción en los labios de Etil me parecía tan confuso, por un momento solo me hizo sentir dolor y tristeza, me pregunte a mí misma ¿Cómo puede ella vivir este canto? 

Pese al pronóstico médico, habíamos orado con fe por sanación para Etil y ahora la estaba viendo morir, ¿A caso Dios fue injusto por no sanarla? ¿Por qué Dios tuvo piedad conmigo y no con ella? Esta última pregunta saltaba a mi mente porque puedo testificar que fui sanada de cáncer linfático hace 18 años, tenía casi la misma edad de Etil y al igual que ella estaba llena de sueños y metas que he podido cumplir. 

Mi alma entristecía ante aquel panorama sombrío y no fue hasta unos días después que pude  comprender que Etil vio con su espíritu la victoria,  la cual se llama Eternidad celestial, pudo experimentar ese sabor dulce a miel que es verse envuelta por el amor que emana la presencia de Jesucristo.

Llegue a concluir que ella veía su muerte como la llave que abriría las puertas al cielo y así  extendería sus alas como una mariposa que sale de un capullo, el capullo seco de una vida terrenal, alzando el vuelo hacia la vida eterna. Llegando allá vería cara a cara a su Salvador y el resplandor de su gloria sería tan grande que opacaría de una vez y para siempre el fugaz recuerdo del sufrimiento que una vez se llamó Cáncer terminal. 

 
Respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriare más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.   
— 2 Corintios 12:8-9
 

Cuando Etil llegó a nuestra Clínica supimos de inmediato que algo grave estaba sucediendo y que debíamos llevarla lo antes posible a recibir una atención especializada, teníamos la esperanza que aún existía posibilidades de tratamiento para ella. 

Después de su diagnóstico sobrevivió poco menos de un mes, dieciocho días estuvo en Tegucigalpa la capital de nuestro país. La etapa avanzada en la que se encontraba el cáncer el cual había hecho múltiples metástasis  no daba más opciones de tratamiento que ayudarla a bien morir. 

Etil comenzó a tener síntomas y signos de esta enfermedad seis meses antes de su muerte, en tres ocasiones fue evaluada en distintos Hospitales públicos en donde recibió una atención deficiente, dieron como absurda respuesta al tumor que crecía en su rodilla izquierda, una caída de su bicicleta mientras transportaba leña seca para la hornilla de su abuela. 

Durante la estadía hospitalaria su petición constante era regresar a casa, verse rodeada de su familia y de los niños que formaban parte de la clase que impartía en la Iglesia local, hacía tres años había bajado a las aguas del bautismo y desde entonces se destacó siempre por su enérgica participación en la obra de Cristo, según cuenta el pastor de su Iglesia al terminar la escuela dominical, sobraban abrazos para esta jovencita de ojos grandes y sonrisa contagiosa.

 
Ninguno tenga en poco tu juventud, sino se ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza.
— 1 Timoteo 4:12
 

Su madre coordinó el viaje de regreso al Hospital público de Choluteca, era el más cercano a su pueblo natal Cedeño.  Las condiciones en este lugar no son las mejores, una alta demanda de pacientes y los pocos recursos hacen que la estadía ahí sea una pesadilla.

 Para asegurarnos que Etil seria tratada dignamente nos trasladamos hasta el hospital, ahí la encontramos suplicando por ser llevada a casa,  no sé qué era peor, si ver a esta niña debilitada por el cáncer que había invadido su cuerpo o verla acostada sobre una camilla oxidada,  la cual solo tenía un colchón partido a la mitad por lo que parte de su cuerpo descansaba sobre el metal frio. 

Poder ayudar a que Etil  muriera rodeada de amor y lo más cómodamente posible se convirtió en una meta que Misión Lázaro no tomo a la ligera y veinticuatro horas después,  gracias a la ayuda de muchos,  Etil  fue trasladada  a casa de sus abuelos, acompañada de una enfermera, oxigeno complementario, alimentación especial y medicamentos. Su familia dedicada al cultivo de la tierra y la pesca  no podía creer el milagro que estaba ocurriendo.  Todo esto fue posible gracias al  amor que los donantes tenían para Etil, aun sin conocerla, esta es la magia que sucede a través del amor de Cristo, Él nos convierte en una gran familia de hermanos y hermanas que se aman sin importar la  distancia, fronteras, razas o idiomas. 

 
En todo tiempo ama el amigo; para ayudar en la adversidad nació el hermano.
— Proverbios 17:17
 

Llegado el momento de decir adiós, Etil comenzó a despedirse uno a uno de sus seres amados, le pidió a su madre que se acostara a su lado y la abrazara por aproximadamente una hora, Teresa cuenta como aprovecho ese tiempo para decirle cuanto la amaba, esta madre amorosa elevaba una oración más por su hija pero algo fue diferente, desde su corazón le dijo a Dios: ¨Aquí está mi hija, te la entrego, tómala como ofrenda agradable¨ al escuchar estas palabras Teresa sintió como su niña apretaba sus manos en señal de aprobación. Ya estaba dicho, ella estaba  preparada para partir, tenía un boleto seguro hacia la gloria.

El proceso del ¨Hasta pronto¨ duro dos horas más, la última mirada antes de dormir fue para María su hermana de ocho años quien había pintado y colgado una mariposa en la pared frente a Etil, quizás en señal que ese día una mariposita tenía que emprender el más grandioso vuelo hacia su nuevo nacimiento.

 
Estimada es a los ojos de Jehová es la muerte de sus santos.
— Salmos 116:15